Hasta los más insensibles e indiferentes saben que el concejal estaba sin vida cuando fue lanzado desde una ventana del Sebin, después de ser torturado en las mazmorras de ese organismo, donde la muerte es un lugar común.

Cabello hizo fiscal general a un presunto bardo, que se dio a conocer como defensor de los derechos humanos. Supe de su parva humanidad a través de la pantalla chica, a la que se hacía invitar con una frecuencia que envidiaban figuras verdaderamente relevantes de la política vernácula. Y es que aquellos platós de la televisión venezolana fueron escenarios propicios, para que los enemigos de la democracia perpetraran su destrucción desde adentro, con la anuencia de dueños, directivos y periodistas de aquellos medios. Todo en nombre de la libertad de expresión. Si alguien aprovechó, se benefició y capitalizó aquella ganga ese fue el otrora defensor del Pueblo, hoy fiscal general espurio y ex gobernador de Anzoátegui.

Como defensor del Pueblo se dedicó a justificar cualquier desmán cometido por el Estado contra el ciudadano. Es decir, hizo exactamente lo contrario a lo previsto en los artículos que van del 280 al 283 del librito azul: letra muerta desde su discutible aprobación en 1999, en medio del terrible deslave en el litoral central. Hubo referendo porque sí, mientras una lluvia infinita ablandaba la tierra y enterraba a miles de venezolanos, que sufrieron en carne propia la desidia, incompetencia e inoperancia de un socialismo que se inauguraba con aquella tragedia: una suerte de presagio que nos alertaba en torno al martirio que sufriríamos en estos veinte años de pesadilla castrocomunista.

Pero nada de esto fue obstáculo para que el socialismo siguiese gozando de la mayoritaria aprobación de un pueblo crédulo y cómodo, que ni se percató que el defensor fue luego gobernador y es hoy el fiscal general, sustituto de Luisa Ortega Díaz. De enroque en enroque en la maquinaria socialista, han acabado con lo material y lo inmaterial, han trastocado lo sagrado para privilegiar lo profano, han instaurado la mentira en sustitución de la verdad, y claro, ha liquidado la justicia para imponer la ilegalidad, la componenda, el abuso, la iniquidad y la venganza.

Después de incumplir sus funciones como ombudsman, a partir de agosto de 2017 le ordenaron barrer los residuos de institucionalidad que hayan podido quedar en el ministerio público. En apenas dos años lo hemos visto como cazador-acusador implacable de opositores y disidentes, y defensor-cómplice a ultranza de compinches, camaradas y conmilitones. Una de sus últimas decisiones tiene que ver con la muerte de Fernando Albán, el concejal arrestado el 5 de octubre, por la explosión de los drones en Los Próceres.

El ministerio público saca de la chistera una rocambolesca acusación contra dos funcionarios del Sebin, porque le quitaron las esposas a Albán sin permiso de sus superiores. Miguel Dos Santos y Keyberth Cirelli serán castigados con penas de quince días a seis meses de prisión, tal como está previsto en el artículo 267 del código penal.

El capítulo VII del que forma parte el citado artículo se denomina De la fuga de detenidos y del quebrantamiento de condenas, lo cual nos permite inferir que Fernando Albán -de acuerdo con la trova del fiscal- se fugó, se evadió debido a la negligencia de aquellos uniformados. Esto constituye una burla cínica y descarada frente al dolor de los familiares y amigos de Albán, y es un irrespeto a la inteligencia de los venezolanos.

Hasta los más insensibles e indiferentes saben que el concejal estaba sin vida cuando fue lanzado desde una ventana del Sebin, después de ser torturado en las mazmorras de ese organismo, donde la muerte es un lugar común. En un alarde de eficiencia Albán fue detenido el 5 de octubre, y el 8 ya estaba muerto. Tenía que correr la sangre, único tranquilizante de la paranoia comunista, y Fernando Albán estaba en la mira de la macolla despiadada y tiránica que no conoce la compasión. Entre el crimen de Albán y el del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo existen muchas coincidencias. Ambos fueron víctimas de una dictadura que persigue, tortura y condena a todos aquellos que califiquen como sus enemigos. ¡Pero un día tendremos una verdadera justicia y los criminales pagarán!

Agridulces

Todos estamos en la mira de estos humanistas en el poder, que no dudan en reprimir y encarcelar a todo aquel que les perturbe. Por eso, para ser más eficientes en este aspecto, el régimen, recibe clases en las aulas norcoreanas de Kin Jon-Un. Como consecuencia la represión es más brutal y los misiles apuntan hacia el hermano país.

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