Miércoles, 30 Noviembre 2016 00:00

Hablemos de Fidel Castro

 
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Castro, símbolo de la dictadura y la doble moral de los regímenes comunistas en América Latina Castro, símbolo de la dictadura y la doble moral de los regímenes comunistas en América Latina FOTO PANAMPOST.COM

Tanto en muerte como en vida, el líder de la Revolución Cubana ha dividido al mundo entre alabanzas y críticas sobre su figura, que va desde patriarca del comunismo continental hasta uno de los peores dictadores de la historia, capaz de asesinar a sus propios “camaradas” con tal de mantener su poder e intereses políticos y económicos.

  1. “Hugo, no hagas más elecciones porque el pueblo es débil y podríamos perder”.
  2. “Las elecciones son una bobería”.
  3. Su compinche “Che” Guevara: “Papá, he descubierto que en realidad me gusta matar”.

La tardía muerte de este sicópata genocida ha dividido al mundo. Para unos es un dios bajado del Olimpo y para otros es lo que es, un implacable asesino (hasta de sus amigos) solo comparable con Hitler,  Stalin, Mao Tse Tung y Pinochet.

Un cubano refugiado en Miami expresó: “Estoy alegre por una parte y triste por la otra. Alegre por la muerte de Fidel Castro y triste porque murió sin pagar con cárcel por sus crímenes”.

Entre sus fans, por supuesto, están los socialistas de sillón, como los de Chile, que huyendo del dictador Pinochet no se fueron a Cuba sino a Venezuela.

Lamentablemente, a la cuerda de hipócritas explotadores de Venezuela, como Evo Morales, los Kirchner, Lula Da Silva o Daniel Ortega, todos vampiros chupadores, no de sangre sino del dinero de todos los venezolanos, se sumó la presidenta Michelle Bachelet, a quien Pinochet le asesinó a su padre y ella misma fue torturada, pero se refirió a Fidel Castro como un “digno luchador social”.

¿Por qué estos comunistoides de escritorio, que voltean la vista ante la tortura y el crimen, no le preguntan a Haydeé Santamaría (heroína que luchó codo a codo con Fidel Castro en Sierra Maestra y en el asalto al Cuartel Moncada) por qué se suicidó después de que su amigo Fidel la mandara a la cárcel por no estar de acuerdo con la implantación del Comunismo en Cuba?

¿Por qué no les preguntan a los miles de compañeros que Fidel Castro también encarceló durante 30 años (ni un día menos) en mazmorras llenas de ratas e inmundicias, cuando él pasó solo dos años de una condena a nueve en una cárcel amplia y limpia donde él se paseaba por los patios, daba clases y cocinaba  delicateses  en medio de las frecuentes visitas de sus amigos y familiares?

¿Por qué no le preguntan al héroe de Angola, Gral. Arnaldo Ochoa, fusilado por Fidel Castro, quién le ordenaba traficar con drogas?

¿Por qué no le preguntan a la hija de Castro, Alina Fernández, sus razones para huir de Cuba disfrazada de turista española?

¿Por qué no les preguntan a los miles de balseros que con sus mujeres y sus hijos han muerto en manos de las olas, los vientos y los tiburones  tratando de escapar de la “isla de la felicidad”, como la llamaba Hugo Chávez?

¿Por qué no me preguntan si en las inmensas librerías de La Habana  encontré  una sola obra del poeta comunista chileno Pablo Neruda? Si no saben la respuesta, aquí va: Neruda fue repudiado por Fidel Castro por haber cometido la traición de ir a dar un recital en Nueva York.

¿Por qué no le preguntan a la ingeniera de una central azucarera, llamada Adis, por qué se prostituye para poder comprar jabón y papel higiénico? Ella dice: “Gracias al periódico Granma podemos limpiarnos el trasero”.

¿Por qué no les preguntan a los miles de madres de niñas de 11 y 12 años que tienen que prostituirse para poder comer?

¿Sabían estos socialistas de maletín que Fidel Castro era el séptimo hombre más rico del mundo, detrás de la Reina de Holanda?

La diferencia es que la riqueza de la reina se ha forjado con ahorros durante 600 años. En cambio, al Sr. Castro le ha ido mucho mejor porque en solo 50 años construyó su imperio económico personal, en medio de una pequeña isla paradisíaca llamada Cayo Piedra, con piscina semi olímpica, casa de huéspedes, restaurant flotante, cría de delfines y de tortugas, pista de helicóptero, rampa lanza misiles y güisqui del bueno. Adivinen quién paga todo eso. Lo paga el hambre del pueblo y el narcotráfico.

Mucho agradecería si algún chavista o castrista (da lo mismo) pudiera contestarme estas preguntas.

Con la anuencia de este valiente periódico, condenado a callar la verdad sobre la corrupción por nuestros imparciales jueces castro/chavistas, intentaría publicar sus sabias respuestas (por favor, sin mentar la madre, al estilo Madurista).

Presidente honorario de la Asociación de Escritores de Guayana

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