Más desapariciones, amenazas de muerte, robos, persecución y hasta violaciones a mujeres son parte de la zozobra en el municipio Sifontes del estado Bolívar.

Al comandante del Fuerte Tarabay, Ernesto Solís, poco le preocupan las denuncias de los habitantes de Tumeremo, según ellos mismos afirman. “Él dice que tiene padrinos y nadie lo saca de allá”, afirman quienes se atreven a denunciar sus abusos en el pueblo, y que por ello cada día aumenta la zozobra y las amenazas.

“Después que vinimos a Fiscalía a denunciar a ese hombre, es peor la cosa. Se ha llevado a más de cinco personas de Tumeremo y no sabemos nada de ellos. Están pidiendo dos kilos de oro por cada uno de ellos, son comerciantes, no sabemos por qué se los llevó”, aseguró Andreina Arcia, cuyo esposo desapareció en mayo de este año.

“Necesitamos que saquen a ese señor que está haciendo demasiadas cosas en Tumeremo. Queremos que el presidente haga valer todo lo que estamos haciendo porque necesitamos paz en nuestro pueblo”, exigió.

Gladys Pedroza, cuyo hijo de 20 años fue ejecutado por el Ejército en agosto, denunció que el fiscal superior ha hecho caso omiso a las denuncias formuladas en Fiscalía.

“Tuve que mudarme de mi pueblo porque después de que formulamos las denuncias, lo que hemos recibido son amenazas, persecución, que si nos van a mandar a matar, que nos van a meter presos, que van a acabar con la familia de nosotros”, afirmó Pedroza.

Las denuncias no son solo por desapariciones forzosas y ejecuciones extrajudiciales, también aseguran que las mujeres son víctimas de violaciones, acoso, maltrato y les cortan el cabello.

“No puedo salir de mi casa, me da miedo. Si salgo tengo que estar pendiente, porque donde ese señor me ve, me ha tirado el carro encima. Tengo tres hijos menores de edad, el de 10 años vive asustado. Cada vez que lo ve sale corriendo, no quiere salir de la casa y lo tuve que sacar de Tumeremo”, relató Jolis Fermín, residente de Sifontes.

Fermín contó que su expareja también fue víctima del Ejército. Fue golpeado cuando se dirigía a llevar agua a una mina. Hoy requiere de una operación delicada por las secuelas de las agresiones.

“Se tuvo que mudar para Upata y se tiene que hacer una operación, para colocarle una malla en el hígado porque se le desprendió. Le dijo que si seguía en Tumeremo, no descansaría hasta matarlo porque iba a acabar con todo el que él pensara que es malandro. Él no tiene la certeza de eso, sí pueden haberlos, pero no todos son malandros”, acotó.

Sobre la zozobra de las mujeres, afirmó: “Hay muchas mujeres que han pasado por eso. No ponen la denuncia por miedo. Cuando a mi pareja se la llevaron, quise poner la denuncia pero por temor no fui, porque como le pasó a él me podía pasar a mí y tengo niños. Ahorita sí tengo el valor porque estoy cansada de los abusos”, aseguró.

Fermín también asomó lo que es un tema casi intocable en el pueblo, la presencia de grupos guerrilleros. Cuestionó que mientras ellos no pueden trabajar en las minas tomadas por el Ejército, hay guerrilleros colombianos en las minas al sur de Bolívar. Esto, bajo presunto consentimiento del comandante del Fuerte Tarabay, Ernesto Solís.

“Él (Solís) es el que les lleva comida, combustible. En Tumeremo no podemos ni sacar gasolina en una moto porque el señor es el mayor contrabandista. Lleva sus camiones para llevar gasolina a las minas. Estamos cansados de esto ya”, denunció Fermín.

Habitantes de Tumeremo amenazaron con cerrar la troncal 10, para exigir la salida del comandante Ernesto Solís.

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