Las instalaciones de la empresa en Maracay, Aragua, amanecieron este martes cerradas y con un aviso en el portón principal que daba cuenta de la medida.

La cesta de alimentos subió 92,5% con respecto a marzo, por lo que una familia requiere 100 salarios mínimos para cubrir el gasto alimentario.

“La contracción nos agarra desnudos porque no tenemos ni la tecnología ni los recursos financieros para aumentar los volúmenes de producción”, dijo el economista Douglas Becerra.

Humberto García Larralde, presidente de la Academia Nacional de Economía, sostiene que las consecuencias de la hiperinflación sobre la calidad de vida de la población son tan nefastas, que solo un cambio político podría revertir los fuertes desequilibrios. De lo contrario, apunta, se puede ir más abajo: “Esto va a empeorar. La gente cree que se toca piso y, en realidad, todavía se puede ir más abajo. En la medida que siga este gobierno, se va a destruir más la economía”.

Martes, 08 Mayo 2018 00:00

¡Nostalgia por un tomate!

Nuestros mercados son especies de tabernas siderales (tipo la que aparece en la Guerra de las Galaxias) donde se mueven ahora especímenes de todos los mundos posibles y donde abunda la especulación generalizada.

En abril, la variación de precios escaló 80,1%. Ello implica que la inflación acumulada se elevó 897,2%, y la anualizada 13.779%.

Los avisos de búsqueda de personal invaden las vitrinas de centros comerciales y empresas. Pocos son los interesados en postular a las vacantes. La hiperinflación agrava la contratación de personal: muchos prefieren, incluso, trabajar en las minas antes que percibir, por ejemplo, los cinco millones que les ofrecen. La realidad los aporrea: con eso no pudieran comprar un par de zapatos en el mismo negocio en el que trabajan. Son, en suma, los embates de una economía insostenible.

Todos los días los precios de los alimentos tocan el cielo, pero al día siguiente hay un más allá. Este jueves, ese techo era de Bs. 2,4 millones para el kilo de carne; Bs. 2,2 millones para el cartón de huevos y Bs. 2 millones para el kilo de queso. “No hallo qué comprar por los precios, porque ni pollo ni carne podemos comprar, lo que más comemos es sardina y nos estamos enfermando”, expresó Ana Estanga, de Francisca Duarte.

El salario mínimo quedó fijado en un millón de bolívares. El bono alimenticio, en millón y medio. Se trata de un aumento que cubre, si acaso, el 3,9% de la canasta familiar.

Salarios que no alcanzan, frente a una inflación desbocada. Retroceso productivo e imposibilidad de garantizar insumos, con el consecuente freno al rendimiento laboral. Ausencia de protección social y diálogo social. Y todo aderezado con un aumento de salario mínimo que traerá como consecuencia más aumento de precios. Ese es el contexto en el que se desenvuelven los trabajadores venezolanos, que han tenido que sobreemplearse para sobrevivir, en este 1 de mayo.

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