Jueves, 26 Mayo 2016 00:00

Así sobrevivimos

 
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Así sobrevivimos Foto cortesía

ASIsobrevivimosCINTILLOrojo

Oliver Sánchez: un nombre para el descalabro
de la salud venezolana

¿Oliver? Oliver. Simplemente, Oliver. Una imagen quizás le refresque la memoria: un niño con la boca cubierta por mascarilla. Detrás de sí, una fila de policías. En sus manos, un cartel: “Quiero curarme. Paz. Salud”.

Fue su forma de protesta por la desesperación de él y de su familia ante el avance del linfoma no-Hodgkin que acababa con su vida. La escasez de medicinas llevó a Oliver Sánchez al coma debido a una infección en la orina y, el martes, a la muerte.

Su protesta no sirvió. El gobierno de Nicolás Maduro solo le mandó policías. Queda en el recuerdo de su familia y de la sociedad venezolana lo que no pudo llegar a ser: un artista. Lo soñó. Pero ese sueño se fue al trasto a sus ocho años: el tiempo que vivió.

La incertidumbre eléctrica

apagOnBien lo expresó hace unas semanas un tuitero quien, palabras más, palabras menos y con todo el sarcasmo del caso, escribió: “¡Qué falta de respeto cuando estás acostumbrado a que se vaya la luz a una hora y no se va! Exijo que se vaya y me indemnicen por la espera, coño”.

Algo similar ha ocurrido esta semana con los nuevos horarios y los nuevos lapsos: muchos de ellos no se han cumplido y algunos apelan a rogar que no haya apagón en otro momento del día. La certidumbre también es un producto escaso en Venezuela.

Paludismo: el pulso del atraso

Convulsionaron en el suelo. Padecieron sus síntomas en un banco o deambulando por los pasillos. Y, sin embargo, no recibieron los medicamentos. Por eso, más de cien pacientes con paludismo que acuden al módulo de Manoa y sus familiares han protestado esta semana afuera del recinto médico.

Exigen el tratamiento. No ha sido mucho el resultado. Y cuando buscan otras alternativas, les cobran entre 30 mil y 50 mil bolívares. Ni modo: queda la calle y más nada.

Esperanzas en cero para los seropositivos

La cifra, inquieta: 62 mil personas con VIH enfrentan hoy el riesgo de desarrollar el sida y, como añadido, de morir. No es cualquier cosa, pero ocurre debido a la escasez, que también ha tocado a los antirretrovirales.

Esta semana, seropositivos y organizaciones que las asisten protestaron en la sede nacional de la Organización Panamericana de la Salud para, a través de ella, presionar al gobierno al respecto. Los insumos se agotan. No hay mucho tiempo para perder.

Fundaciones en picada

Madre Emilia, Me Diste de Comer, Renacer… todas dejaron de tener en común solo el hecho de ser fundaciones que atienden a personas que, por sus condiciones económicas, no tienen un plato de comida, y ahora están hermanadas en otro ámbito: subsisten en medio de la escasez.

Algunas de ellas son casi heroicas: lo que se deberían comer 60 personas, lo alcanzan hasta para cien. Mientras tanto, buscan alternativas y apelan a la caridad. Todo para no cerrar. Porque cerrar es, en suma, que muchos se mueran de hambre.

La falta de agua, una letanía upatense

Desde hace más de un año, el municipio Piar se desnaturalizó en cuanto a sus referencias de siempre. No fue noticia por el queso, por las catalinas o por ser una de las localidades más seguras de Venezuela, sino por transformarse en fuentes permanente de cifras rojas y por la sequía que ha mantenido en protesta a sus habitantes. Esta nota bien pudo ser de hace dos o tres meses. Ojalá pierda vigencia pronto. Muy pronto.

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